Cara y cruz de Internet en la escuela

¿Qué tiene en común la reacción nuclear con Internet? La primera, en su parte negativa, es el principio de la bomba atómica, y en su parte positiva es la base para las radiaciones que matan las células cancerígenas

 

Internet también tiene su cara y cruz, todo depende de cómo se utilice. Nosotros nos centraremos en su uso y abuso en la escuela, asunto muy relacionado con nuestro cometido de formar habitualmente a adolescentes

 

En nuestro centro, los alumnos pueden consultar los contenidos que se explican en las aulas en la plataforma Moodle, lo que facilita que el alumno desde su domicilio o enTomás 1 cualquier otro sitio, mediante  conexión a Internet móvil (portátil, tablet o smartphone) pueda acceder a ellos.

 

Pablo, que estaba en un aula en la cual no se disponía de ordenador, y que necesitaba consultar unos apuntes de la plataforma Moodle, no tuvo problema: sacó su smartphone y vía wifi, se conectó y en un segundo tenía todos esos apuntes consigo.Alejandro y Javi que estudian juntos todas las tardes –pese a estar uno en Santander y otro en Santoña– gracias al Skype y a programas de control remoto como TeamViewer consiguen hablarse, escucharse y manejar uno el ordenador del otro como si estuviesen sentados juntos. ¡Una maravilla!

 

Pero… ¿qué podemos decir cuando Internet se convierte en una adicción?

 

Mi niña ya ha nacido inmersa en las nuevas tecnologías; nos ve a su madre, a sus abuelos, a cualquiera de nuestros familiares y amigos  y a mí  hablar con el móvil y utilizar el ordenador. A pesar de que nosotros cuidamos mucho su uso, es invitable que se fije en lo que estamos haciendo y como consecuencia, a ella con tan sólo nueve meses se la ve interesadísima por estos aparatos.

 

Para todos forman parte de nuestra vida cotidiana y eso no es malo, el problema nace cuando Tomás 2somos incapaces de desconectar. Es fácil ver a los jóvenes enganchados al móvil mandando Whatsapp mientras van en el autobús, andan por la calle o atraviesan un paso de peatones. No es raro encontrar en clase a muchos chicos con falta de sueño porque se han pasado toda la noche chateando o jugando en el ordenador; en sus domicilios los padres creen que están estudiando con el equipo, pero en vez de eso,  han entrado en las redes sociales con la intención de estar sólo unos minutos –aunque incapaces de desconectarse, se tiran horas y horas–. Cuando están estudiando un tema, constantemente les llegan Whatsapp y… ¡cómo aguantar sin leerlos! Fácil solución: interrunmpen su estudio y por tanto, su concentración en la tarea.

 

En la escuela, a pesar de que está prohibida la utilización de los ordenadores del centro para uso lúdico, los alumnos emplean sus portátiles y su smartphone para ello en mitad de sus actividades formativas; abandonan así los trabajos que se les encomiendan para  conectarse a redes sociales, juegos online u otros contenidos de Internet. Lógicamente esto crea confictos entre el profesorado y el alumnado, al igual que les ocurre a  los padres con  sus hijos en su domicilio. Algunos alumnos se tornan irritables y agresivos  cuando les recriminas su comportamiento y es tal su adicción, que a priori no reconocen que están haciendo una actividad inapropiada y que deben abandonarla sin protestar.

 

Para algunos alumnos, Internet en lugar de una ayuda en sus vidas se convierte en el motivo de su fracaso escolar. El problema en algunos casos se vuelve tan intenso, que requiere de la ayuda de expertos y de tratamientos psicológicos. Nuestros alumnos necesitan un control sobre estas tecnologías en sus casas y en el centro escolar, y si no queremos que este problema siga aumentando, han de ponerse límites. Pienso que toda la comunidad educativa –padres inclusive– tienen que ponerse de acuerdo y aunar criterios  sobre esta cuestión.

 

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