Filosofía de retos

Ahora que ya llevo un tiempo corriendo y haciendo deporte, recuerdo perfectamente mi primera carrera popular, la medio maratón de Santander

 

Éste fue mi primer reto deportivo –casi rayando mis maravillosos cuarenta años (nunca es tarde)– y esta presencia del reto siempre me ha acompañado en mi educación.ivan Y es que para mí, es la manera de avanzar en la vida y por ello, siempre he procurado afrontar mis retos –sean de la naturaleza que sean– personales, laborales, sentimentales, etc.

 

En mi opinión, en nuestras vidas deben existir los retos y esta filosofía debería enseñarse e inculcarse a nuestros alumnos –algunos de los cuales nos llegan muy desilusionados y sin ningún desafío o proyecto en mente-.  Por ello yo, diariamente en mis clases, ya sea simplemente con una práctica o mediante un juego, siempre lo tengo presente y les digo a mis alumnos: “ Recordad algo que habéis querido y todo lo que realizasteis para conseguirlo, pues eso es marcarse un reto”. Creo que, quien no libra sus propios retos es una persona triste, sosa, insulsa…

 

Y tras esta arenga, contaré un poco cómo fue mi primer reto deportivo (el comienzo de la carrera) como antes dije, cerca de los cuarenta años. La verdad es que emprender  por mí esta iniciativa se debió un poco al azar y en gran medida, al empeño depositado por mi compañera y amiga de runner, Juani Alcalde Alcalde, ya que yo nunca me veía del todo preparado para realizar una media maratón.

 

Pues bien, sólo una vez que concluyó mi periodo de entrenamiento y éste fue adecuado a mis posibilidades es cuando pude estar ya en disposición de afrontar esa primera y gran experiencia; en mi caso, la de someterme a la gran aventura de la competición aunque ésta se tratara sólamente de una carrera popular.

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A continuación paso a describir:

  

Son las nueve de la mañana de un azulado, pero fresco sábado en la ciudad de Santander. Unas mil personas (en este momento atletas ) se agrupan apretadas detrás de una pancarta que pone SALIDA y yo entre ellas. Jóvenes, maduros, casi ancianos, gordos, delgados, altos y bajos de ambos sexos forman un gran tumulto. La vestimenta de cada uno es muy dispar, tanto en color como en apariencia: desde el chándal completo con guantes, gorro y calzado de lo más variopinto, hasta la más sofisticada indumentaria, a imitación de los grandes campeones. Es en realidad en la primera fila donde más observo este refinado atuendo, y descubro, además, a unos personajes de una delgadez extrema, con pronunciadas sienes y algo paliduchos; me comentan que son los atletas considerados de élite que han sido invitados por la organización, previa remuneración económica, a fin de dar más categoría y prestigio al evento.

 

El olor a “Reflex” forma parte del ambiente y los nervios que afloran en mí, y pienso que en una buena parte de los que me rodean, se hacen palpables. Saltitos, respiraciones profundas, risas, saludos, caras de no haber pegado ojo en toda la noche y dedos puestos en el crono – a fin de apretar en el momento de oír el gran pistoletazo – es lo que observo en estos momentos previos a la salida. Yo, con mi reloj, hago también lo propio e imito inconscientemente alguno de los gestos que percibo a mi alrededor.

 

No olvidaré jamás estas sensaciones y estas vivencias, todas quedan conmigo. Pero como antes dije, lo que está claro es que con ganas, trabajo y tesón se podrá conseguir todo lo que uno se proponga y el que ni siquiera lo intenta, nada de nada logrará.

 

 

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