Las finanzas en la escuela

Como todos sabemos, nuestro país no suele salir bien parado en los sucesivos informes Pisa.  En la mayoría de las estadísticas nos encontramos por debajo de la media, aunque no tan alejados de países como Francia o Estados Unidos, cuya puntuación es muy parecida a la nuestra

 

Por más que nuestros gobernantes muestran su preocupación, a la hora de tomar decisiones para mejorar estas cifras, parece que lo que más les preocupa es el amedrano-150x150número de horas que se deben impartir en la asignatura de Religión o si hay que sustituir la asignatura de Educación para la ciudadanía por otra –cuyo contenido desconozco, pero mucho me temo que reportará a nuestros jóvenes una utilidad   más que discutible –.

 

Una de las conclusiones a la que se llegó en uno de los últimos informes Pisa es que uno de cada seis de nuestros alumnos apenas sabe interpretar una factura.  Concretamente, de los 1.108 alumnos de 179 centros escolares, sólo el 16,5%  alcanza el nivel básico de competencia financiera, es decir, sabe para qué sirve una factura, pero no sabe interpretarla.

 

A modo de ejemplo, una de las preguntas sobre finanzas que se realizaron entre nuestros alumnos fue la siguiente:

 

NÓMINA DEL EMPLEADO: Juana Canales

Puesto: Jefe de sección                                                        Del 1 al 31 de julio

Sueldo bruto 2.800 €

Deducciones 300 €

Sueldo neto 2.500 €

Sueldo anual acumulado 19.600 €

Pregunta: ¿Cuánto dinero ingresó la empresa en la cuenta de Juana el 31 de julio?

A. 300 €

B. 2.500 €

C. 2.800 €

D. 19.600 €

 Antonio M1

Como se puede apreciar a primera vista, la dificultad no parece que sea muy grande, sin embargo, a tenor de los resultados podríamos pensar que éstos de Pisa son demasiado exigentes en sus pruebas.

 

En este análisis de la OCDE sobre el nivel de conocimientos financieros de nuestros jóvenes de quince años, la conclusión es que éste es muy bajo – lo que frena el crecimiento económico, pero lo que es más importante, impide a los consumidores que tomen las decisiones adecuadas –. De esta manera, no debería sorprendernos que escándalos como el de las preferentes, contratación de hipotecas, etc. se encuentren a la orden del día.

 

Como es natural, la culpa no es precisamente de los jóvenes y tampoco toda la culpa ha de recaer en nuestros gobernantesAntonio M2; todos tenemos que sentirnos responsables de este fracaso: profesores y también padres.

 

Con todo, creo que se pudiera hacer una comparativa del grado de preparación financiera de nuestros alumnos comparándola con la nuestra, 30 o 40 años atrás y seguramente, la nuestra sería muchísimo peor.  Aunque la enseñanza de entonces no ha evolucionado tanto – todavía en la Universidad se sigue utilizando la tiza y el borrador – lo cierto es que los conocimientos se adquieren no sólo a través de los libros o en la escuela; la televisión, Internet, redes sociales, teléfonos móviles y otros artilugios que nos invaden cuentan con indudables ventajas educativas, de cuyo aprovechamiento nuestros jóvenes son los que están mejor preparados y cada vez nos sacan más ventaja.

 

 

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