Nuestro viaje a Hungría

No es oro todo lo que reluce ni todo lo que anda errante, está perdido. Con este proverbio podríamos definir nuestro viaje a Hungría

 

Con motivo de la celebración del cuarto encuentro de los socios del proyecto europeo Begoña3 - copiaPower Saving Check enmarcado dentro del programa Erasmus+, mi compañera Carolina y yo viajamos a Hungría el pasado octubre como representantes de Decroly. El sitio de reunión fue el municipio de Kiskunhalas ya que uno de los socios es precisamente el Ayuntamiento de esta localidad.

 

Cuando comunicas a tus familiares y amigos que vas a hacer un viaje de 4 días a Hungría, todos te responden con un “qué suerte”. Siempre hay que aclarar que se trata de un viaje de trabajo, que realmente vas a trabajar en un proyecto y no vas a estar de vacaciones esos días. La otra respuesta generalizada que obtuve en mi caso fue “¡Ah! Hungría es muy bonito”, cuando en realidad lo que suelen estar pensando es que Budapest es muy bonito. Y no les falta razón, pero eso lo aclararé más adelante.

 

Volviendo al desarrollo del viaje y partiendo de que teníamos muy claro que no íbamos a estar en la capital, esperaba cierto encanto alrededor del alojamiento que nos mostrara cómo es Hungría, que nos permitiera adentrarnos ligeramente en su cultura. El alojamiento estaba en medio de un bosque, a media hora de Kiskunhalas, al cual sólo se podía llegar por diversos caminos de tierra custodiados en ambos flancos por inmensos y tupidos árboles. A mí meBegoña2 - copia gusta la naturaleza, los parques y la aventura por lo que en un principio no lo vi problema, pero una vez que el taxista se adentró por uno de esos caminos y la furgoneta en la que íbamos cinco personas comenzó a tambalearse y hacer giros bruscos, realmente me asusté un poco. Al día siguiente con luz diurna, me di cuenta de que el estado de la carretera era… por ser generosa, lamentable. Me alegré de que el taxista hubiera llegado hasta el albergue y no nos hubiera mandado ir andando la noche anterior. Aunque hubiera sido más que comprensible.

 

Salvado el problema de la entrada y la salida de la finca y algún que otro contratiempo del lugar que no merece la pena mencionar, hay que decir que estos viajes también aportan muchas experiencias y vivencias que de otra forma jamás vivirías: La relación con los socios, que en las horas libres no son socios, sino amigos que te acercan a los encantos de sus respectivos lugares de origen; las actividades culturales que se organizan dentro de la agenda del encuentro (sólo en estos momentos es cierto lo de las vacaciones), que te permiten explorar algunos tesoros de la zona de la mano de buenos conocedores del entorno; la degustación de platos típicos, que te acercan a los olores y sabores del país – y he de decir que, en este caso, fue de lo mejor del viaje –.

 

Debido al horario del vuelo de vuelta, que era a primera hora de la mañana del sábado, y a que nos encontrábamos a más de dos horas en coche del aeropuerto, la última noche la Begoña1pasamos en Budapest. Apenas tuvimos tiempo para visitarlo, pero a pesar de ello, nos quedamos con la sensación de que merecería la pena volver en otra ocasión. La iluminación de las iglesias, de los puentes, del impresionante Parlamento o de la ciudad de Buda hizo que no pudiéramos articular más palabras que éstas: “¡Qué bonito!”.

 

A modo de conclusión diré que siempre me suelo quedar con lo bueno y considero que ha sido toda una experiencia que permanecerá en mi memoria durante mucho tiempo.

 

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