Muertes anónimas

Durante este curso escolar, Decroly tiene la pretensión de dar a conocer a los alumnos la dimensión del problema de la inmigración. Para ello se ha puesto en contacto con La Cruz Roja, donde se encuentran acogidos gran parte de los inmigrantes que llegan a nuestra comunidad

 

En este servicio, la colaboración del personal que trabaja en la Cruz Roja ha sido total y muy familiar. En la primera charla impartida a alvaro-de-la-fuente1los alumnos de Formación Profesional Básica, el invitado ha sido un inmigrante de Honduras, de nombre Jerónimo (de 19 años de edad, aunque por la cantidad de vivencias parece que tuviera ya 50).

 

Lo primero que me llamó la atención al iniciar la exposición es la ignorancia casi absoluta que se tiene de lo que acontece en aquel país, al igual que parece suceder en relación con el resto de países latinoamericanos. Y es que la situación que padecen es tan grave, que allí diariamente mueren más personas que en toda España, pese a tener una población de 5 millones de habitantes.

 

Así es como asistimos al relato de hechos escalofriantes que no son noticia en España, tales como por ejemplo, el grave atentado a un autobús lleno de ciudadanos que se dirigían a sus trabajos y escuelas, que fue acribillado por una banda local porque el candidato a Presidente del Gobierno prometió en campaña electoral que iba a ser contundente con la delincuencia e iba a devolver el orden a Honduras. Tan solo esas declaraciones bastaron para desatar la respuesta de aquella delincuencia a la que se quería combatir y como un acto cotidiano, bloquearon el autobús en la calle colocando vehículos por delante y por detrás y acto seguido comenzaron a disparar a los pasajeros hasta matar a casi sesenta personas; solo dos consiguieron salvar sus vidas, una de ellas un niño de 6 años al que su padre ordenó tirarse al suelo y permanecer inmóvil debajo de él pasara lo quemaras pasara. El niño permaneció sin moverse mientras sentía la sangre de su padre agonizante caerle por el cuerpo, pero gracias al sacrificio de su progenitor, el menor salvó su vida, aunque una bala le dejó paralítico para siempre.

 

Jerónimo se ha criado en la ciudad de San Pedro de Sula, calificada como  la ciudad más peligrosa del mundo por cuarto año consecutivo, entre bandas de maras, en concreto dos bandas, que se disputan la rivalidad en la ciudad y que dominan totalmente la situación y el destino de todos sus habitantes, y además cuentan con la colaboración y connivencia de las fuerzas políticas y de seguridad. Bandas dirigidas por sus jefes desde centros penitenciarios en los cuales viven mejor que en sus propias casas, acompañados de todo tipo de lujos, perfectamente informados de todo lo que acontece en el exterior, y sin ninguna dificultad para remitir las órdenes y que éstas sean ejecutadas. Bandas que se nutren de adolescentes que reclutan directamente de las calles.

 

De hecho, la amenaza de muerte que pesa sobre él por una diferencia con un miembro de una de las mencionadas maras, le ha obligado a abandonar su país, al que  seguramente no podrá regresar jamás.

 

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