El sistema educativo español tiene muchas carencias, eso dicen…

Todos lo sabemos. Hay que mejorar el sistema educativo español para que nuestros chicos puedan ser competitivos, como en otros países de referencia, generalmente de la zona norte europea. La teoría la tenemos clara

 

Está en boca de todos, pero resulta curioso comprobar que la inmensa mayoría de las voces que opinan, poco o nada conocen acerca sergio-ibanez-150x135de esos sistemas educativos que producen chicos que dan sopas con honda a nuestros estudiantes. De hecho, la necesidad de un cambio en el sistema educativo está hasta en boca de quienes malamente superaron una Educación General Básica, probablemente porque el sistema no comprendió sus necesidades, o bien, porque en aquellos tiempos no lo consideraron necesario cuando las salidas profesionales que había en su entorno no requerían de una cualificación específica. Pero eso sí, ahí estamos, opinando…

 

Merece la pena dejar hablar a esta gente que diserta acerca del cambio educativo y comprobar que, realmente, todos los argumentos en los que se apoyan entroncan directamente con esa nueva pedagogía nórdica a la que queremos llegar. Años llevamos oyendo hablar negativamente acerca de esos chicos que, no obteniendo grandes resultados, continúan al curso siguiente con sus compañeros; o de lo mal visto que está que se rebajen las horas de clase “face to face”, o que tengan que estudiar materias transversales que nada tienen que ver con las clásicas matemáticas o historia. Al final, preferimos oír a nuestro niño recitar la tabla de los reyes godos, que pensar que hay un profesor con otros métodos (a riesgo de cargarse con el marchamo de “perroflauta”), intentando desarrollar capacidades cognitivas o sensoriales a base de pintura, música, trabajo colaborativo, apoyo al más necesitado…

 

Escuchando, llegas a la conclusión de que casi todo el mundo que opina considera que la verdadera y adecuada educación fue la que él recibió, aunque su historia formativa sea una consecución de fracasos. Cuando un padre de mi quinta opina sobre la educación, está pensando en un aula con los chicos sentados en mesas individuales o pareadas de cara al profesor, en completo silencio y escuchando atentamente las lecciones magistrales del docente. De no ser así, “es que ya no hay respeto…”.

 

De hecho, los padres no quieren un aula donde haya chicos con dificultades de atención o aprendizaje y se haga un trabajo colaborativo intentando apoyar y comprender las necesidades de aprendizaje de cada niño.  Los padres, hoy, siguen siendo partidarios de una división categórica que relegue al gueto de los torpes a aquellos escolares que no superen holgadamente SIO1el listón. El apoyo al débil lo consideran perjudicial para su hijo porque frena su aprendizaje y le hace menos competitivo – seguro que todos hemos oído quejas sobre la inmersión de inmigrantes en las aulas porque, al parecer, vienen con menor nivel educativo y es malo para el conjunto de la clase–. Invito al lector de este artículo a que haga la prueba, saque la conversación en distintos foros y prudentemente, tire del hilo. Se sorprenderá…

 

Paseando con Wubi (mi perrete) hace una semana, estábamos intentando aprender a esperar en los semáforos. No parece difícil, Wubi lo pilla rápido. “Hombrecito rojo, me siento en la orilla y espero, hombrecito verde, a correr…”. El caso es que llevábamos setenta y un segundos esperando en el semáforo del arco del Banco Santander cuando, sorpresivamente, la señora que llevaba allí el mismo tiempo que nosotros, decidió, a falta de nueve segundos, que ya era suficiente espera y comenzó a cruzar. Desconcertado, Wubi me miró sin saber cómo actuar. Tendremos que seguir practicando.

 

La preocupación de muchos padres de mi quinta acerca de la calidad del colegio al que envían a sus hijos es palpable. Consideran que es un hito único en la formación de sus pequeños. Muchos elegirán Salesianos,SIO2 Numancia, Lasalle, Castroverde, Mercedarias… el que le parezca bien a cada uno, pero siempre pensando en la mejor formación para sus hijos. Curiosamente, en cualquiera de esos colegios que he mencionado, cuando los niños comienzan o finalizan su jornada, se encuentran esas hordas de padres motorizados compitiendo por la mejor posición en la “pole” del colegio, aparcados en doble o triple fila y  tirando de los brazos de sus niños para cruzar indebidamente entre los coches para, con suerte, continuar la marcha en el sentido en que habían aparcado.Imagino que esos niños volverán la cara como Wubi, con similar desconcierto, y sin saber si tienen que actuar como les enseñó ese profesor “perroflauta” en su colegio o como lo hacen sus orgullosos progenitores, sabedores de estar dando la mejor educación a sus hijos al haber elegido el colegio más adecuado.

 

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