No a la violencia de género en Decroly

El Centro de Igualdad del Ayuntamiento de Santander ha organizado unas jornadas de prevención de la violencia de género, dirigidas a adolescentes y a profesionales que se relacionan estrechamente con ellos

 

Dichas actividades forman parte del programa municipal EDUCAR PARA PREVENIR, iniciativa a la que, como no podía ser de otra forma, blanca-Decroly decidió sumarse el pasado abril, facilitando el desarrollo en sus aulas del taller “¡Quiéreme… bien! Taller de los buenos tratos, al que asistieron nuestros alumnos de Formación Profesional Básica.

 

Tal como en su día explicó la concejala de Familia y Servicios Sociales, se debe hacer un frente común de toda la sociedad contra la violencia de género y se ha de trabajar en el ámbito de la sensibilización y prevención, especialmente desde edades tempranas.Y es que todos los que tratamos con jóvenes somos testigos de lo necesario que es concienciarse de la presencia de la violencia de género en nuestra sociedad, y  sensibilizarse – de manera particular –, ante aquélla que se ejerce en las relaciones que nuestros jóvenes mantienen entre sí.

 

Los que escuchamos  y observamos diariamente a adolescentes percibimos, a nuestro pesar, cómo algunos siguen creyendo en falsos mitos e ideas –transmitidas de padres a hijos– que pese a carecer de todo Blanca 3rigor y resultar trasnochadas, en parte son responsables de que este fenómeno de la violencia de género se haya perpetuado hasta nuestros días. Me refiero a ideas tales como la consideración de la mujer como el sexo débil, la imagen de debilidad que sugiere a muchos un hombre que llora: “llorar es de nenas” –dicen–,  la preeminencia del hombre sobre la mujer a la hora de ejercer el control sobre su pareja, la sumisión de la mujer ante los requerimientos de “su chico” priorizando a menudo, los deseos y sentimientos de éste por encima de los propios…

 

Podríamos seguir enumerando y… aunque todo esto nos pueda parecer propio de una época pasada, hemos de estar alerta: algunos de nuestros jóvenes hoy comparten el sentir de las viejas generaciones que nos precedieron y son incapaces de afrontar relaciones de pareja sanas, fundamentadas en la igualdad de oportunidades, derechos y responsabilidades de ambos sexos. Lo peor de ello es que mientras sigan percibiendo los roles masculino y femenino como motivos para la diferenciación en vez de como ventajas para compatibilizar su vida pública y privada, difícilmente podrán vivir en esta sociedad sin ejercer algún tipo de violencia. ¿No es ésta  razón suficiente como para promover la reflexión y el debate entre nuestros alumnos?

 

Y a las pruebas me remito: en el taller antes mencionado,  se  distribuyó  a los alumnos en varios grupos de trabajo y se les pidió que describieran a su mujer y hombre ideal. Blanca 4Curiosamente el grupo de chicas retrató a su hombre ideal con adjetivos que nada tenían que ver con el aspecto físico, mientras que los chicos desplegaron una larga lista de detalles sobre su mujer ideal asociados a su apariencia. Por ejemplo, en el primer caso, él debía ser: fiel, divertido, no egoísta, buena persona, no celoso, no obsesivo con el sexo, un buen apoyo, romántico…; en el segundo grupo, ella debería ser: guapa, con un cuerpo 10, buenas tetas y buenas caderas, millonaria, cariñosa, educada, cachonda…

 

A continuación, se les pidió a todos que compararan los roles masculino y femenino tradicionales con los actuales: a juzgar por sus opiniones, se veía claramente una importante evolución en las pautas de actuación de uno y otro sexo, es decir, se había avanzado bastante en este sentido, pero aún había que seguir por esa línea (no hubo total unanimidad en las respuestas ofrecidas). Así, por ejemplo, actividades como la conducción, los trabajos domésticos, el cuidado de los niños, las salidas fuera de casa con otras personas… hoy eran mayormente compartidas por ambos sexos.

 

Finalmente, se les propuso cumplimentar un cuestionario – en el que figuraban múltiples actitudes, creencias Blanca 5y conductas que se dan en las relaciones entre hombres y mujeres en nuestra sociedad – y ellos debían responder a las mismas   según su grado de acuerdo o de desacuerdo. Este último ejercicio  les forzó a reflexionar, les ayudó a conocer la dimensión de esta lacra social de la violencia de género y seguro que contribuyó a que cada uno autoanalizara sus propias ideas al respecto.

 

Opino que este tipo de talleres son interesantes y resultan necesarios: Si queremos erradicar la violencia de género, debemos entender bien el problema y esto sólo se consigue mediante el conocimiento, la reflexión y el análisis colectivo y particular del mismo.

 

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