Una nueva vida, otra oportunidad

Por Isaac Aghaowa Jiménez, alumno de IC 2º

Historia irreal de un niño que le quitaron todo, pero consiguió lo que le pertenecía

(El azul son los pensamientos, el rojo lo que dicen los personajes  y lo negro el narrador). Gracias por leer.

Dentro de una casa abandonada había un niño tendido en el suelo cubierto por su propia sangre, al lado suyo había un señor mayor con unas herramientas de tortura. Presuntamente había matado a ese niño.

Niño: por qué siento tanto frío… me estoy desangrando… y ese hombre sigue mirándomeIsaac Aghaowa IC2 1-2-18 Una nueva vida una nueva oportunidad tan repugnantemente… bueno, da igual, me está empezando a entrar sueño así que voy a dormir un rato…

Pasados unos minutos…

Niño: ¿Dónde estoy? No veo nada… espera tampoco puedo sentir mi cuerpo, ¿qué es esto?

     : –Hola, ¿qué tal el viaje?

Niño: – ¿Quién eres? y ¿a qué te refieres con el viaje?

Dios: –Soy quien en tu mundo llaman Dios. Espera un segundo, mejor vamos a hablar en persona siempre me resulta incómodo hablar así.

De repente, delante del niño apareció una puerta de aproximadamente 5 metros, era blanca y con detalles de ángeles y nubes. Notaba que algo le absorbía y terminó engullido por la puerta.

Niño: Esto no puede empeorar, ¿no?

Se despertó un poco aturdido, después de que se le pasara el mareo, miró a su alrededor y lo que vio fue un precioso cielo con los rayos de sol entrando por las nubes e iluminando todo el lugar. Delante, tenía un tío con una melena negra, llevaba ropa casual, quizá demasiado que parecía un pijama.

Niño: –Entonces ¿eres Dios?

Dios: –Sí, se podría decir.

Niño: ¿En serio… éste es Dios, con esas pintas? Me siento estafado.

Niño: –¿Por qué me has traído aquí?

Dios: –Bueno, eeeeh…la verdad, era porque me aburría un poco, jeje.

Niño: Porque se aburría…, cada vez me siento más estafado…

Dios: –Ya que estás aquí, te voy a hacer un favor.

Niño: –¿Qué tipo de favor?

Dios: –Pues nada del otro mundo, solo reencarnarte en otro universo.

Niño: Por qué será que no me termino de fiar de este hombre…

Niño: –Vale, ¿hay alguna condición por ello?

Dios: –Nada, solo entretenerme.

Lo dijo con una sonrisa que no ofrecía mucha confianza.

Niño: Sabía que iba a pasar algo

Debajo de él apareció un agujero y empezó a caer del supuesto cielo. Le oía gritar mientras caía. Al principio chillaba porque no creía en él y sabía que iba a morir otra vez y de esa manera tan penosa.

Dios: –Tranquilo, no vas a morir de la caída, o eso creo.

Niño: Quien me encuentre seguro me llamará el niño meteorito.

Al final, cuando empezó a ver la tierra, recordó las palabras de Dios y río de manera deprimente. Al cabo de un tiempo golpeó el suelo. Se despertó en los brazos de una mujer que le acunaba dulcemente, envuelto en una manta.

De repente, apareció un hombre acelerado, bien vestido, parecía un noble de esos libros que leía en clase.

Noble: –¿Dónde está?

Señora: –Aquí, mírale.

Se acercó el noble, le cogió en brazos. Se asustó y se dio cuenta de su nueva situación. Al parecer, el señor joven, con pintas de noble, era su padre, y la mujer que le daba tranquilidad con esa sonrisa era su madre. Por un momento, dio gracias a Dios por tener esos padres, pero aun no sabía lo que iba a pasar.

Dos años habían pasado, al parecer el nombre que le habían puesto era Víctor. Su madre se llamaba Alma y su padre Gabriel. Su casa era la casa Fernández, una con muy buena pinta y territorio propio. Cuando despertó, se levantó, se vistió y fue directo al comedor donde estaba la criada, Laura. Era muy maja y la consideraba su segunda madre.

Laura: –Toma el desayuno, cielo –Le dijo con la misma sonrisa de todos los días.

Víctor: –Gracias, Laura. –Y le devolvió la sonrisa, como de costumbre.

Cuando terminó, fue a la biblioteca de su padre, donde tenía muchos libros que le interesaba estudiar. Descubrió uno que le encantó, “Principios básicos de la Magia”. Su padre le había hablado de la magia y sus usos, pero le dijo que hasta que no fuera más mayor, no le enseñaría. Abrió el libro y comenzó a leerlo. Se trataba de un tipo de meditación para sentir la magia de alrededor. Empezó a probarla en el suelo y siguió lo que aconsejaba.

Quince minutos habían pasado y notaba una ligera brisa y una especie de hormigueo.

Víctor: ¿Esto funcionará?

Entonces probó a recitar un conjuro. Según el libro, necesitaba una brisa de viento si era principiante. Siguió el consejo, se dispuso a abrir la ventana, y cogió una vela para saber si había funcionado el hechizo.

Víctor: –Aek’ ´ra  –La vela se apagó, se quedó estupefacto por un instante y pensó que todo fue solo una broma, por el simple hecho de que era normal que, con la ventana abierta, se apagara la vela.

Madre: –¿Dónde te has metido Víctor?

Víctor: –Aquí, madre.

La madre abrió la puerta con su típica sonrisa de siempre.

Madre: –¿Qué haces aquí, cielo?

Víctor: –Estaba leyendo los libros de padre. – La madre se sentó y le instó a acercarse a su regazo. Se sentó y empezó a leer un libro de aventuras. Al rato, se durmió por la tranquilidad que le daba siempre su madre. Se despertó en su cuarto, era de noche. En la mesita tenía algo de comida, al lado había una nota de su padre; tenía que hablar con él por la mañana y así fue, a la mañana siguiente, acudió a su despacho.

Víctor: –¿De qué quería hablar conmigo, padre?

Padre: –Ya eres mayor, así que te voy a asignar un profesor particular. Una nueva vida, otra oportunidad.

Pasados los años, consiguió sus estudios, consiguió ser mago, una bonita familia y una hermosa vida, todo lo que su pasado no pudo ofrecerle.

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