¡Que a mi hijo no le falte nada!

En el siglo en que vivimos, la manera de ver o llevar la crianza de un hijo se la ve de otra forma, comparado con épocas en las cuales yo he vivido

Por Emilene Arteaga, alumna de GIAT 1º

En esa época, cuando el dinero era utilizado para cosas que de verdad hacía falta, te compraban otros zapatos porque te habías roto los que utilizabas a diario; ahora esto suena a pobreza. Tener más de 5 pares de calzado deportivos es habitual, y parece que nos hemos enriquecido porque tenemos el armario más lleno. Sí, más lleno, pero de tantas cosas que en realidad no necesitamos, de malgastar el dinero, volvernos caprichosos y trasmitir eso a los niños del mañana.

Están aprendiendo que traer dinero a casa no cuesta nada, que el dinero está hecho para gastar, y que el tiempo que inviertes en adquirir ese dinero a casa es fácil, que la vida es darse caprichos y desahogarse malgastando. Que la crisis que nos ha tocado vivir es tan negativa que hay que cerrarles los ojos a los niños para que no se enteren de que falta dinero en casa y en la sociedad, porque podría traumarlos, en vez de enseñarles a que cuando hay vacas gordas hay que ahorrar porque después vendrán las vacas flacas, no lo contrario, anhelar tener más para así poder gastar más.

Ya no se enseña a ahorrar, solo se enseña a darse gustos constantemente, y tampoco se enseña a valorar y empatizar con sus padres por el esfuerzo que hacen cada día por traer el pan a la mesa, a amar a sus padres y respetarles por ese acto de amor, también llamado sacrificio y trabajo.

Que si les falta algo el día de mañana no será negativo, por el contrario les ayudara a saber cuidar más las cosas que ya poseen, a empatizar con el que tiene menos, a valorar más a sus padres, que la felicidad no te la da el rodearse de tantas cosas, sino las personas que conforman tu vida.

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