De grado medio a las fuerzas armadas

Por Alejandro De La Sen Canales, alumno de SMR 2B

El pulso me aumentaba rápidamente cuando llegaba el momento decisivo de hacer las pruebas, infinidad de personas para tan solo 20 puestos en la AGBS (Academia General Básica de suboficiales); una nueva experiencia que cambió mi vida 

Llegó el momento, tantos años mentalizándome, preparándome y teniendo cada vez más claro que si quería entrar, Alejandro De La Sen SMR2B 1-2-2018 De grado medio a las fuerzas armadastenía que luchar hasta el final para conseguirlo. Me acompañaba mi padre, que durante el trayecto me comentó que cuando él acabó el servicio militar, quiso seguir, pero mis abuelos no lo vieron bien porque era una mala época, varios antepasados guardias civiles murieron en manos de la ETA. Así se sinceró y me dijo que aunque no le entusiasmara la idea de que fuera a ingresar en las fuerzas armadas, me apoyaría en mi decisión y estaría orgulloso en cualquier circunstancia.

En el momento que llegamos había no menos de 300 personas con un mismo objetivo: ser mejor que el anterior, estar más preparado y con la cabeza mejor amueblada que los demás, y ahí estaba yo, con 18 años, recién finalizado mi grado medio y perdido entre la multitud, nervioso, pero con ganas de oír mi nombre para poder empezar un sueño, empezar a competir contra los demás y demostrar mi valía y destreza. Dos horas después todo había acabado, los nervios se habían esfumado y cada vez estaba más convencido de que había pasado la prueba.

Al día siguiente, me confirmaron que había pasado la primera fase y me dieron nuevas instrucciones para hacer el examen psicotécnico a la semana siguiente. Ese mismo día emprendimos el viaje de regreso a Santander donde me esperaba mi madre y mi hermano para felicitarme. Esa noche caí redondo en la cama, los nervios y el cansancio se hicieron notar. Al día siguiente vi que de los 300 iniciales tan solo quedábamos 100 y el círculo se cerraba cada vez más.

A la semana siguiente, volvimos. Me había estado preparando varios meses antes y era mi momento. Entramos en un aula donde había 3 profesores, uno de ellos nos entregó el examen; 150 preguntas variadas de todo tipo que tenía que resolver. El resto de ellos caminaban entre las mesas para evitar que copiáramos. Dos de los que estaban haciendo el examen fueron expulsados directamente al poco de empezar, no nos enteramos hasta acabar el examen, les habían pillado copiando. El mismo procedimiento que la semana anterior: nos dijeron quién había pasado a la siguiente fase y quién no. Esta vez tardaban más en decir mi nombre, y de repente me nombraron, el estómago me dio un vuelco y pegué un salto de alegría. Fui corriendo donde mi padre a abrazarle y darle la noticia: iba a pertenecer a la escuela de Suboficiales.

No solo había conseguido una de las plazas, sino que había quedado el primero de mi promoción. Me fui fuera, miré a mi alrededor y me di cuenta de que no era un sueño, que realmente lo duro empezaba ahora, una nueva etapa fuera de casa, de disciplina, de responsabilidades y sobre todo, de estudio y formación. Dejaba muchas cosas atrás, pero lo que venía lo había estado imaginando año tras año y por fin ahí lo tenía delante de mí, sin creérmelo, pero con ganas de emprender el nuevo viaje que la vida me había dado.

 

 

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