La vida es…

Por Abel Sainz Cardeñosa, alumno de SMR 2ºB

Siguiendo los consejos de un viejo sabio, un chico sin nada acabó teniéndolo todo; Alfonso era un chico de 16 años que residía en un pueblo de Francia y pertenecía a una familia pobre, con quien vivía en una casa que les había cedido el “señor” del pueblo a cambio de labrar sus tierras

Corría el año 1980, en un pequeño pueblo de Francia. Alfonso, un chico de 16 años que tenía mucho tiempo libre, se dedicaba a robar fruta en la tienda de ultra congelados para después tirarla a los señores que descansaban en el banco, entraba en los gallineros y soltaba los gallos de su tío para que se peleasen, en fin, un chico con muuucho tiempo libre.

Un día más, Alfonso se sentó a la 1 del mediodía a comer con su abuelo en la mesa. El abuelo de Alfonso, un señor que participó en la guerra y nada más cuenta historias de la guerra, siempre aconseja a Alfonso para que su vida sea mejor; le dice que, estudie o no estudie, trabaje o no trabaje, debe ser siempre una persona honrada y humilde porque si pierdes eso, por mucho que tengas, lo pierdes todo. Alfonso comenzó a comer como otro día más y por la radio (que a su abuelo le encanta escuchar en las comidas) escuchaban el parte; entonces el chico comenzó a hablar con su abuelo, le dijo que su sueño era ser como el señor que ven siempre en el Mercedes cuando van a la ciudad. De repente, su abuelo le miró con esa cara que solía poner cuando Alfonso había hecho alguna y le dijo: “Alfonso, hijo, da igual que vayas en un Mercedes o en el autobús, da igual que tengas más dinero o menos, lo importante es estudiar, esforzarse, saber qué quieres hacer, quién quieres ser, y sobre todo, Alfonso, y esto no lo olvides nunca, ser una buena persona y ayudar al prójimo. Alfonso, hijo, ya sabes que yo soy muy pesado, pero todo lo que te digo lo digo por tu bien.”

Pasaron 2 años, Alfonso seguía en sus trece y un día llegó a casa y vio a toda la familia reunida; el abuelo acababa de fallecer, se quedó sin palabras y salió corriendo, él se había criado con su abuelo y no sabía por qué se había tenido que ir ya, por qué él.

Nadie volvió a saber nada de Alfonso hasta 10 años después; de repente, Alfonso apareció por debajo del puente (la entrada al pueblo) y venía subido en un Mercedes; sí, consiguió su sueño, pero lo primero que dijo al encontrarse con su familia fue: “Sí, he conseguido mi sueño, tengo el Mercedes, pero he conseguido una cosa que vale mucho más que eso. Como me dijo el abuelo antes de fallecer, hay que ser buena persona y ayudar al prójimo, así que he creado una empresa en la que doy trabajo a más de 200 personas, estudié, me esforcé  y sé que él, esté donde esté, estará orgulloso de mí porque seguí sus sabios consejos”

 

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