Un sueño hecho realidad

Por Diego Puente Serrano, alumno de GAD 1º

De repente, no sé cómo, cuándo ni dónde estaba. El caso es que me encontraba allí, en medio de la nada, en una oscuridad absoluta

Les llamo por sus nombres: Asier, Carlos, Marcos, Manu y no obtengo respuesta. Entonces decido emprender un camino, me hubiese gustado haber traído aquella brújula que me regalaron por un cumpleaños, sería muy útil; la cosa es que Diego Puente Serrano GAD101-02-2018 Un sueño hecho realidadempiezo a caminar, llevo un rato andando y oigo ruidos, los escucho y sí, reconozco unos ladridos; corro hacia allí y es mi perro Seimus.

Acabo de llegar al lugar donde mis amigos han montado el camping de acampada, pero no hay nadie y todo esta revuelto. Seimus, al verme, viene corriendo hacia mí y sinceramente no sé quién está más contento. Vuelvo a llamar a mis amigos y de nuevo no obtengo respuesta. Desesperadamente le pregunto a mi mascota dónde están mis amigos y sale corriendo, yo intento seguirle, pero tropiezo con algo y me caigo al suelo. Por suerte o por desgracia, me he tropezado con la mochila de Asier, y me pregunto: ¿qué hace aquí su mochila? Pierdo a Seimus y vuelvo a estar solo sin saber a dónde ir.

Mientras sigo caminando me acuerdo de las vacaciones del pasado verano, todo el equipo de futbol junto, nuestras primeras vacaciones solos, fue divertido y a la vez un poco peligroso y ¡puff! esto ya me está empezando a desesperar un poco, necesito encontrarles ya. Encuentro una bolsa de patatas – creo recordar que son las favoritas de Carlos– y pienso que ha podido dejar una pista y que esto se está tratando de una prueba. Mientras tanto, yo me voy a comer las patatas, llevo varias horas sin comer nada y tengo bastante hambre.

Desde hace un rato siento que no estoy solo, siento que alguien me está vigilando y creo que están siguiendo mis pasos, siento ruidos detrás de mí, pero aun un poco lejos. No sé cuánto tiempo llevo caminando, pero debo de estar muy lejos del lugar de acampada; detrás de unas plantas veo brillar algo y de repente saltó algo hacia a mí y sí, es Seimus de nuevo, por lo menos vuelvo a estar con alguien. Los ruidos cada vez los oigo más cerca, el perro se vuelve loco ladrando y al salir corriendo llegamos a un precipicio donde hay un puente colgante de esos que al pasar se balancean. Al otro lado del puente puedo distinguir personas y al coger los prismáticos, veo que son mis amigos. Me gritan:¡correeee, correee! Pero el puente me está dando un poco de respeto: al caminar sobre él, noto que se balancea demasiado. Desgraciadamente Seimus sale corriendo en dirección opuesta, no puedo dejarle y me doy la vuelta tras él. Entre la maleza algo grande se está moviendo, pero no me quedo a mirar que es y salgo decidido corriendo hacia el otro extremo del puente. En el reencuentro con los amigos no hay explicaciones ni saludos, la cosa es que al echar a correr, empieza a llover como si aquello fuese el gran diluvio universal y finalmente encontramos una cueva en la cual podemos refugiarnos. Entonces ellos me contaron que vieron un oso enorme cuando estaban en la tienda de campaña – razón por la que salieron corriendo– y yo me asombro porque ellos me cuentan que estaba detrás de mí –yo sinceramente no había visto nada, pero por algo me decían que corriese–. Al menos estamos a salvo, pero… vemos al oso dirigirse hacia la cueva y nuestra única opción es entrar hasta el fondo de esta.

No podemos quedarnos a debatir qué hacer, hay diversas opiniones y lo único en lo que estamos de acuerdo es que hacia afuera no podemos ir. Al menos estamos todos juntos y tenemos a Seimus. ¡Seimussss! Otra vez ha desaparecido. Al seguir adentrándonos, vemos que el camino se bifurca hacia la izquierda y hacia la derecha y de nuevo se oyen diferentes opiniones. “ ¡Callad, debemos coger el camino de la derecha, ahí está Seimus, esa es la salida!”

De repente Marcos dice: “Se oye como a un lobo, ésa no debe ser la salida”, y yo le respondo: “Tu confía, ese es Seimus, no me preguntes por qué”. Al seguir el camino seguimos escuchando los aullidos y por fin se ve una luz muy potente que apenas me deja abrir los ojos. Vamos saliendo, cuando noto una mano sobre mi hombro y una voz me dice algo, pero es tal el pánico, que me deja paralizado. Me giro, abro los ojos y… ¡mamáááá!

“Vamos, hijo, es la hora de levantarse, están a punto de llegar tus amigos, hoy es el gran día, os vais de acampada”. Seimus salta encima de la cama y empieza a jugar como un loco mientras yo sigo pensando que lo que había pasado solo era el principio de una gran aventura a la que temía, pero a la vez deseaba.

Comments on this post

No comments.

It is necessary to login to write comment.

Trackbacks and Pingbacks on this post

No trackbacks.

TrackBack URL