Espejos

Ana Zabala Muguruza GIAT1 2-2-18 EspejosPor Ana Zabala Muguruza, alumna de GIAT 1º

Mírate al espejo ¿qué ves esta vez? No sólo un físico ni el conjunto que hoy llevas puesto para empezar el día, sino la sonrisa caída, tus ojeras, tu mirada perdida, tu postura cabizbaja…

Nos miramos en miles de espejos y somos juzgados por muchos otros, que son los ojos de las personas. Tenemos por lo general una manera inconsciente de menospreciarnos, de convencernos a nosotros mismos de que no merecemos aquello que queremos por la desconfianza que hay dentro de nosotros, ésa que nos hace creer que no somos capaces de conseguirlo. Dejamos de intentarlo por miedo, miedo a no ser autosuficientes y a no ser valorados. Siempre nos quedamos con un “¿Y si…?”, como si no tuviésemos más oportunidades, arrepintiéndonos de no haber hecho aquello que tanto ansiábamos en su momento y convenciéndonos a nosotros mismos de que la próxima vez no será igual.

Pero llega otro día, otro de ésos en los que no te sientes capaz de nada, en los que te levantas por una obligación, por una rutina, haces las cosas porque debes y no porque te llenan, pasan los días y… has dejado de creer que las oportunidades van a llegar y tampoco tienes las fuerzas para ser tú quien las busque. Y vuelves al espejo, ése donde eres tú, la única persona en el mundo que ve tu propia realidad, que ve más allá de esa falsa sonrisa y reconoce una mirada triste y sin ambiciones. Un día te levantas y te das cuenta de que ha pasado el tiempo y que has perdido la ilusión por todo aquello por lo que te mirabas al espejo e intentabas ver algo positivo; por aquello que te hacía vivir cada día y sorprenderte a ti misma superándote un poco más, a pesar de aquellos defectos, de aquellas “perfectas” imperfecciones que te hacían especial; y te sientes vacío: vacío por dentro porque ya no recuerdas la sensación que te producían las ambiciones que tenías, ni sabes cómo volver a recuperarlas, y vacío por fuera porque a pesar de estar rodeado de gente, te sientes solo.

Llenas tu vacío con emociones externas a ti, intentando hacer de aquellos a quienes aprecias algo mejores, dándoles ese apoyo que no eres capaz de darte a ti mismo porque has llegado a un punto donde no te sientes merecedor de ello. Y vuelves al espejo, te miras y sólo ves un reflejo ajeno a la realidad anterior, no te reconoces, ni siquiera eres capaz de darte cuenta de cómo te sientes, porque ni tú mismo lo sabes…

Entonces, rompes el espejo y con él, todas aquellas preocupaciones que iban enlazadas. Ya no ves nada y es ahí cuando te das cuenta de que todo empieza de nuevo, sin una imagen que arreglar, sin unos defectos que aceptar, simplemente eres tú, una nueva persona que ha tocado fondo y se ha quedado en la oscuridad durante un tiempo; que después de tanto dolor, ha decidido darse otra oportunidad a si misma teniendo el valor de intentarlo, de luchar, de encontrar por su cuenta nuevas oportunidades e ir a por ellas; de no dejarse llevar por lo que ve sino por lo que siente, de volver a crecer día a día como persona y sobre todo, de no quedarse nunca más con las dudas porque los “¿Y si…?” ya no existen para ella.

¿Estás dispuesto a romper el espejo o a seguir esclavo de su reflejo?

 

 

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