Blanco y negro

Por Alejandro Gómez Villa, alumno de SMR 1ºB

“Entre el blanco y el negro, un haz de luz de color intermedio surgía de entre los rompimientos de gloria1

Era un día oscuro, solitario. Lo único que tenía en aquel momento eran mis pensamientos y nada más. Incluso el día de hoy me sigo acordando de aquel sentimiento que recorría todo mi cuerpo: era como si el fuego circulase por mis venas. En aquel momento sentía que mi garganta estaba siendo clavada por miles de agujas y en un instante Alejandro Gomez Villa SMR1B 2-02-2018 Blanco y Negrome estaba quedando sin respiración y sin saliva. Mis ojos se desvanecían como el sol, y mis parpados se ocultaban como la luna, pero aun así, en toda esa oscuridad una luz se cernía sobre mí: la luz de la esperanza y la felicidad, tan poderosa como siempre, tan deslumbrante que te deja ciego, tan cálida que te sofoca incluso en los momentos de máximo confort…

Me llamo Hendrick y vivo en Nueva York. Soy un ciudadano estándar, me encargo de seguir con el legado de la humanidad y trabajar para hacer rico a mi jefe: estoy cansado de todo.

Aún recuerdo aquella conversación… nada más despertar,  en que dos siluetas aparecieron delante de mí, ambas con máscaras; si no recuerdo mal, había un niño con una máscara triste y un señor mayor, apoyado en un bastón, con una máscara sonriente. Aquello me pareció terrorífico pero, eso no me impidió decir unas palabras: “¿Quiénes sois?” “¿qué estáis haciendo aquí?”. Ni se inmutaron. Ellos dos sólo se mantenían en pie sin hacer nada: pasaron los días, las horas, los minutos, los segundos y seguían sin dar respuesta, pero un día empezaron a hablarme; ambos decían cosas extrañas y sin lugar a duda tenían algo que decirme, así que me preparé un té y sin más preámbulos, me senté enfrente de ellos sin ni siquiera saber lo que me esperaba. Los dos se sentaron y tras ese inciso de tiempo, empezaron a hablar. No me importaba que estuvieran en mi casa, aunque me resultaba incómodo.

Hablaban entre ellos de manera formal. Todavía recuerdo que me llamaba la atención cómo respetaban el turno para hablar y la tranquilidad que les invadía. Además de eso, también recuerdo que se me hacía bastante extraño que se comunicaran con las máscaras puestas, aunque ahora que lo pienso así debería de ser mejor.

El chico pequeño comenzó quejándose de todo lo que tenía que sufrir y el peso de sus responsabilidades por ser joven. Él no quería ser pequeño, tampoco sabía cuándo iba a morir y por ello tenía miedo; no sabía lo que iba a hacer con su vida, a qué se iba a dedicar, a quien iba a escoger como amigos, Y todo ello, el hecho de no tener ni idea de qué le iba a deparar el futuro le parecía bastante triste. A continuación, el señor mayor tomó la palabra y empezó a hablar de sus problemas y sus cosas positivas; todavía me acuerdo de cómo movía las manos a la hora de hablar. Empezó comentando cómo la vejez no le gustaba nada. El hecho de que podría morirse en cualquier momento le inquietaba (como es natural) y no solo era eso; la gente le trataba de manera distinta únicamente porque era viejo. También añadió que aunque se fuera a morir dentro de poco, él estaba contento por seguir vivo y haber tenido una vida maravillosa.

Ambos guardaron silencio tras sus respectivas intervenciones. Después de eso me di cuenta de que yo tenía la edad perfecta y de que no me tenía que preocupar por ninguna de las anteriores.  La vida y la muerte ya me daban igual, y comparando mis problemas con los suyos, los míos no eran nada más y nada menos que tonterías. Por lo tanto, me decidí a vivir por mí mismo y no por mi jefe, y me mudé para hacer lo que más me gustaba. Aquellos dos no volvieron a aparecer y aquella “soga” que me esperaba en el futuro desapareció y con ella, aquel sentimiento que tenía.

Definiciones:

1Rompimiento de gloria: Haz de luz que emerge de un claro entre las nubes, dándole un sentido puro y celestial.

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