Diario de mi experiencia fuera del caos

Por Alejandro Gómez Villa, alumno de SMR 2º

Querido yo del futuro, espero que recuerdes aquello que hemos experimentado juntos

La noche había llegado y era hora de partir. Me dirigí andando a aquel lugar oculto bajo una intensa niebla; el olor de las algas me envolvía, los sonidos de las olas contra las rocas me sugerían que ya estaba en el punto de destino.

Aquel frio hacía que no sintiera la cara, tapado con una chaqueta abotonada hasta el cuello, una bufanda y un gorro de lana; solo se podía distinguir el color de mis ojos verdes. Abrí con dificultad aquella puerta repleta de óxido por la humedad de la zona, tan cercana a los acantilados, ¿por cuánto tiempo había estado esa estructura allí?

Muchos se piensan que el lugar en el que voy a estar por los próximos meses es un lugar para gente solitaria o que quiere ocultarse de algo o alguien, huir. Se equivocan.

¿Quién no ha estado cansado de la rutina del día a día, de los atascos de la ciudad, sus ruidos y sus gases contaminantes, de tener que entregar el trabajo a tiempo, de los gritos y exigencias del jefe, de la ineptitud de los compañeros…? Es agotador seguir viviendo de esa forma, y por ello aquí me hallo intentando encontrar aquello que perdí en el momento en el que decidí dejar de pensar de forma racional, en el momento en que dejé de ser la persona que era o que creí ser…

Subo despacio por las escaleras resbaladizas aferrándome a la barandilla, también oxidada, y lo primero que me encuentro es un manual con instrucciones de uso de aquella máquina, que ciega a algunos y da luz a otros.

Durante el tiempo que estuve en aquel lugar reflexioné sobre muchas cosas: de los sueños que nunca alcancé y los que dejé morir… Yo y esta estructura solos somos una simple estrella que parpadea sin más en un espacio lleno de oscuridad, pensé.

¡Quién necesita un ambiente negativo, nocivo en sus vidas, cuando te puedes reducir a una felicidad clara y simple! Estar aquí solo me estaba volviendo loco y poco a poco, iba añorando aquel hormiguero en el que vivía.

Ya ha pasado bastante tiempo desde que llegue aquí y no creo que pueda volver a aquel sitio con tanto ruido; todos esos coches y la gente gritando me dan dolor de cabeza. Ya han transcurrido más de 3 meses aquí y siento que mi alma está en paz y resuena con lo que me rodea, estoy en un perfecto estado de armonía con todo.

Todos necesitamos momentos de paz y tranquilidad o incluso viajar a un lugar totalmente diferente a lo que estamos acostumbrados solamente para darnos cuenta de aquello que nos falta en nuestra vida o lo que nos sobra en ella. Todos somos como el faro en el que he pasado tanto tiempo, solo buscamos un lugar al que poder alumbrar en un lugar lleno de oscuridad, peligros y oleaje.

Finalmente acabé en mi casa, con miles de preguntas y algunas respuestas en mi cabeza. Con una sonrisa sincera y amplia, cerré los ojos y terminé durmiéndome en este mundo tan maravilloso.

 

 

 

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