Un día más

Por David García Póo, alumno de SMR 2º

La vida vacía de una persona, hasta que algo inesperado ocurre

Pasa otro día y despierto una vez más. El paso del tiempo se me hace efímero con mis quehaceres, mi rutina me consume por dentro, pero no soy capaz de cambiarlo.

Este día no presentaba ninguna diferencia, o eso pensaba yo, pero algo diferente me esperaba David García Póo SMR2Adef 1sin que yo lo supiera. Salí de casa hacia mi trabajo pensando las labores que me encargaría mi jefe y no le presté atención a nada más: ni al semáforo en rojo cuando comencé a cruzar la carretera, ni al coche que se abalanzó sobre mí. Salí despedido por los aires cayendo fuertemente contra el suelo y mi visión se fue oscurecíendo mientras veía a la gente correr hacia mí.

Desperté en la camilla de un hospital: los médicos me miraban anonadados, no daban crédito a lo que estaba pasando, uno de ellos se acercó a mí y me dijo una de las peores noticias de mi vida, que posiblemente no podría volver a andar de nuevo. La noticia me sobresalto, no podía creerlo, pero era la verdad; no notaba la sábana que cubría mis piernas, intente moverlas y era incapaz.

A la semana siguiente, seguía sin asimilar la noticia, y aunque existía la expectativa de que me podría recuperar con la rehabilitación, yo no tenía esperanza. Hacía los ejercicios cada día, pero no veía ningún progreso, solo mi impotencia a la hora de poder levantarme, a la hora de poder mover las piernas, a la hora de mover un simple dedo del pie.

Tras varias semanas, volví a mi casa usando una silla de ruedas, la vida había cambiado para mí, ahora mi única obligación consistía en ir a la rehabilitación, aunque apenas notaba mejoría. Pasaba las tardes paseando, pensando en qué hacer ahora con mi vida, si continuar viviendo una vida como hasta ahora o hacer un cambio, marcar la diferencia en este momento exacto.

Tenía que ser realista: que pudiera salir de esta situación y recuperar mi vida anterior no era algo factible y una vida vacía, sin ningún significado, no era lo que yo necesitaba ahora. Debía hacer que mi vida tuviera un objetivo, un fin que completarse para poder quitar este vacío en mi interior. Estos pensamientos me asaltaban cada vez que paseaba, pero no tenía idea de cómo llevar el cambio a cabo, una cosa es tener una intención y otra es poder realizarla.

Pasa otro día y despierto una vez más. El paso del tiempo se me hace efímero con esta rutina de hacer la rehabilitación y pasear, sin saber cómo cambiar esta situación. Estaba pensativo en el hospital, mientras hacía los ejercicios de manera automática, sin prestar mucha atención a lo que pasaba a mi alrededor ni tampoco al momento en el que los enfermeros se quedaron atónitos. Tardé en darme cuenta, hasta que levanté la mirada y los miré preguntándome qué me pasaba, por qué me miraban así. Miré a mi pierna y vi que el pulgar estaba colocado doblado, intenté moverlo y vi que se movía. Una lagrima cayo de mi ojo mientras veía mi dedo moverse de nuevo.

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