El viaje en coche

Por Andrea Quintanilla Ara, alumna de ADIR 1º

Queda impactado con la historia de estos dos amigos

Son las 03:25 de la noche, dos hombres de unos treinta años viajan en un Audi 80 por una carretera desierta, Andrea Quintanilla Ara ADIR 1 - 21-02-2019 el viajepasando los árboles y los campos y dejando a su paso el silencio de una noche serena, solo rota por el sonido de los grillos.

El hombre uno está contento, hace mucho que no sale con su amigo y sonríe sin cesar mientras habla sin parar en un supuesto diálogo –que más bien es un monólogo–. De vez en cuando se pasa la mano por su pelo pelirrojo, es un tic que tiene desde que era un crío y que ahora le hace recordar a su hija pequeña, quien heredó la misma manía. Al pensar en eso le entran ganas de verla.

Contempla el paisaje que se extiende fuera de la ventanilla, la enorme luna que de vez en cuando se ve tapada por alguna nube, y escucha a los grillos cantar escondidos en el extenso bosque. Le comenta a su amigo que tiene que ir algún día a cenar a su casa, pues su mujer y sus dos hijas no dejan de preguntar por él. Al no escuchar respuesta, sigue hablando, le advierte en broma de que ya es hora de que consiga una novia, que lleva mucho tiempo solo y le está empezando a cambiar la personalidad. Al seguir sin obtener ningún tipo de contestación por parte de su , se gira a mirarlo.

El hombre dos mira a la carretera. Sus ojos pardos se ven cansados, casi sin vida. Sigue conduciendo sin decir nada. El hombre uno se da cuenta del estado de ánimo de su amigo e intenta sacarle tema de conversación para animarle. Pero por mucho que lo , el otro simplemente pone la radio y le ignora.

El pelirrojo se queda callado sin decir nada, no entiende lo que pasa pero tampoco cree que pueda hacer algo para ayudarle. Dentro del coche resuena 21 Guns de Green Day. Ambos la escuchan en silencio mientras uno mira a la carretera y el otro por la ventanilla. El hombre uno canta la canción mentalmente, se acuerda de que fue la canción favorita de ambos cuando estaban en la universidad, piensa que igual hablarle de ese tema pueda acabar con esa mala atmósfera que se ha creado en el coche. Cuando gira a mirarle, se sorprende al verle llorando. El hombre uno no sabe qué hacer, así que mira en los asientos traseros buscando pañuelos.

De repente el hombre dos empieza a balbucear entre lloros: –Lo siento…, lo siento. – apenas se le entiende, lo dice bajo y los sollozos se comen a las palabras.

El pelirrojo no entiende qué pasa y sigue buscando los pañuelos mientras le pregunta qué es lo que ocurre. De repente, para de buscar, fija su mirada en un punto de los asientos y su cara pasa de la preocupación a la confusión. El hombre dos sigue llorando y disculpándose, cada vez más rápido. Y mientras sus disculpas aumentan de velocidad, el coche las imita y va cada vez más rápido.

Noventa por hora… y el hombre uno vuelve a mirar al frente olvidándose de lo que hay detrás, sobresaltado por la repentina subida de velocidad. Cien por hora… el hombre uno pregunta qué es lo que pasa. Ciento diez por hora… y el hombre uno se empieza a asustar.

–¿Qué haces? ¿Es que quieres matarnos? –Dice, mientras se agarra a la puerta y se echa hacia atrás en el asiento, asustado. Ciento veinte por hora… y el conductor sigue subiendo la velocidad sin inmutarse por las suplicas de su amigo.

–¡Para!, ¡PARAAA! –Dice cerrando los ojos al ver cómo se acercan a un muro a gran velocidad. Pero a pesar de sus gritos, lo último que se escucha en el silencio de la noche, justo antes de un fuerte golpe, es un lamento diciendo: “Lo siento tanto…”

La policía recibe una llamada a las 03:40 de la mañana de una mujer diciendo que ha habido un accidente en una carretera al sur de la ciudad y no parece haber supervivientes.

A las 03:45 de la mañana, un coche de policía, que estaba patrullando la zona, llega al lugar de los hechos. Como todavía no había acudido la ambulancia, uno de ellos se acerca con una linterna al vehículo accidentado, mientras el otro habla con la mujer que halló el accidente. Al acercarse, se encuentra el cuerpo del conductor aplastado de una forma sobrenatural. Entre el asiento y el volante había cristales por todas partes, los asientos estaban manchados de sangre formando una imagen perturbadora, que hace cerrar los ojos al policía para poder asimilar la pena y el horror que le inundan. Al mirar por la ventanilla de atrás lo único que ve son unos cuantos trastos, entre ellos un periódico de hace un año, en el que aparece en portada la imagen de un hombre pelirrojo.

El policía se gira y se acerca a su compañero, por el camino piensa en el hombre del periódico y se le hace familiar. Mientras camina, una luz se ilumina en su cabeza y recuerda que era la foto de un hombre que murió hace un año en un accidente de coche, en el que iba dormido con su amigo al volante; habían ido de viaje y estaban ambos cansados así que, sin darse cuenta, el conductor se quedó dormido y chocaron contra un poste. El conductor sobrevivió con heridas menores, pero el acompañante murió en el acto, sin siquiera llegar a despertarse.

Al llegar al lado de su compañero, niega con la cabeza y dice: “El conductor iba solo, está muerto”.

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