Caminando hacia la paz

Por Mónica León Durillo, alumna de IO 2º

El cambio drástico de la vida de una niña palestina al irrumpir la guerra en su país 

Soy Amira Yarur, vivo en una ciudad grande y preciosa, llamada Gaza. Conmigo también viven mis padres y mis tres hermanos de 15, 7, y 2 años.

Hoy en clase tengo un examen de Literatura, ahora mismo es mi máxima preocupación porque no es mi fuerte y necesito aprobar para llegar a ser lo que quiero: mi sueño es ser una buena cirujana.–Amira, soy Shara, vamos ya, o llegaremos tarde. – Grita mi amiga desde debajo de mi ventana.

–Ahora mismo bajo. – Le respondo asomándome. –Adiós, mamá.

Bajo corriendo las escaleras de casa y abrazo a mi amiga. Luego las dos salimos corriendo hacia el colegio.

–Sentaos separados, en unos minutos os entregaré el examen –dice mi profesora colocando las hojas. 

Shara y yo nos miramos antes de empezar a escribir. ¡Oh! es peor de lo que pensaba, sólo entran dos cosas de las que he estudiado. Pero algo interrumpe mis pensamientos negativos; todos levantamos la cabeza del examen y miramos a la profesora que nos devuelve una mirada igual de confusa. Una sirena resuena por toda la calle, diría que por toda la ciudad y helicópteros militares sobrevuelan nuestro edificio. 

–Todos en fila, dejad todo encima de la mesa, nos vamos –dice el Director con severidad.

No sé qué estará pasando, pero sé que me libro del examen y eso me alegra. Shara y yo caminamos la una al lado de la otra hasta llegar fuera del colegio. 

–Escuchad todos. –Dice el Director en voz alta, y todos callamos y lo miramos expectantes. – Id directos a vuestras casas, todo lo rápido que podáis, vuestros padres os dirán lo que vais a hacer.

Por el camino los alumnos formulan todo tipo de especulaciones sobre lo que ha pasado, pero no me entero de la verdad hasta que llegué a casa. Allí mi familia me espera de pie en la puerta.

–Amira, hija, tenemos que irnos cuanto antes, estamos en guerra. – Dice mi padre.

–¿En guerra?, ¡no puede ser! – Dentro de mí espero que esto no sea tan grave.

–Ha habido un bombardeo en el centro de la ciudad y amenazan con bombardear las afueras.Toma esta mochila y vámonos – Me dice mi padre.

Tomo la mochila en mis manos y pienso cómo era todo hace unas horas; unas lágrimas amenazan con salir, pero mis hermanos están mirando mi reacción y sería poner las cosas más difíciles.

Nos dirigimos a Europa, el sitio más cercano donde aún queda paz, y por el camino pasamos por el centro de la ciudad, antes plagado de puestos ambulantes de comida y souvenires para turistas, hoy, un montón de escombros y polvo. Los bomberos apagan los últimos fuegos y sacan dos cuerpos de lo que antes era una tienda de revistas. Aun no lo sabía, pero eso era lo que me rodearía los últimos años desde entonces: escombros, cenizas y cuerpos de inocentes. Ya casi ni me acuerdo de la última vez que vi a Shara, no sé si está viva o si, como mi hermano, murió a manos de las guerrillas.

 

 

 

 

 

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