“La carta de Lyudmyla”

Por David Abdolalizadeh Ruiz, alumno de ASIR 2º

Esta es la historia de una joven ucraniana que redacta una carta, con la esperanza de que cesen los enfrentamientos armados en el mundo.   

Parte 1: La carta de Lyudmyla.  

Puede parecer que este relato narra hechos de épocas pasadas, eventos trágicos que por su crudeza han sido condenados al ostracismo en la memoria colectiva de nuestra especie, pero lamentablemente me encuentro escribiendo con mi pluma y sangre este texto cuasi anacrónico para que las generaciones venideras no cometan los mismos errores que nosotros.  

Mi nombre es Lyudmyla Kovalenko, tengo 18 años y esta es la historia del principio del fin. Del impacto de la guerra y la violencia en las personas.  

Movido por la egolatría y el orgullo, con una falta de emociones en su expresión facial comparable al semblante de una roca, el presidente de Rusia Vladímir Putin ha ordenado una invasión a gran escala en pleno siglo 21 a mi país, por motivos p30 David Abdolalizadeh Ruiz ASIR 2 28-02-2022 La Carta de Lyudmylauramente egoístas e ignorando completamente el valor de la vida humana.   

El 24 de febrero de 2022, el pueblo de Ucrania seguía sus vidas con normalidad, atrapados en la rutina que comúnmente absorbe sus vidas. En un solo momento parecía que la alegría, el júbilo, las sonrisas, el amor y todas las emociones positivas desaparecieron de la existencia mientras las sirenas anunciaban el comienzo de tiempos de guerra.  

Todos sabíamos lo que podía suponer: el dolor, el sufrimiento y el inconmensurable alcance de caos y destrucción que puede generar. Al fin y al cabo, llevamos años viendo en los medios de comunicación películas, series y demás obras que nos enseñan lo que puede pasar cuando estalla un conflicto armado.   

Lo que nunca nadie se imagina es que todo eso es real, y en un abrir y cerrar de ojos el mundo como lo conocemos puede desaparecer.  

Mi padre, Volodimir Kovalenko, presa del pánico, rebusca la casa en busca de armas. En un momento de indecisión y rabia, espeta con una rabia jamás vista antes en él: “¡Todos al coche! ¡Vamos!”   

Mi madre comienza a llorar. Mi hermano pequeño, un niño especialmente sensible con autismo, no entiende la situación y es arrastrado por mamá de la mano. Salimos de casa.  

En cuestión de minutos, las sirenas comienzan a dar paso a las tropas. Los gritos de auxilio son solapados sin ninguna resistencia por el estridente sonido de los bombardeos, que destrozan sin esfuerzo edificios civiles, convirtiendo los sueños, esperanzas, pensamientos y recuerdos de las personas inocentes que viven ahí en pura ceniza.  

Las tropas comienzan a entrar en la ciudad de Kiev. Calle por calle, toman cada territorio sin encontrarse apenas resistencia.  

Llegamos al coche, no sin tener que esquivar tropas de soldados rusos, moldeados para ser psicópatas, carentes de alma y de conciencia.   

Mi padre rebusca en los bolsillos de su desgastado pantalón vaquero las llaves del coche. Con su vista de refilón descubre a un anciano yaciendo entre los restos de un edificio. Agonizante, la pobre alma en pena ha perdido sus extremidades como víctima de las explosiones. El pobre anciano grita presa del dolor.  

Las implacables tropas del gigante soviético llegan a la misma calle en la que nos encontramos. Con pericia y la mente llena de las mentiras de su déspota líder, se disponen a desenfundar sus rifles de asalto.   

Nuestras caras son secuestradas por la más triste de las expresiones mientras presenciamos como ejecutan sin piedad al hombre, disparándole tres tiros en zonas no mortales, con el objetivo de agudizar su sufrimiento. El pobre hombre pide clemencia mientras cede a las presiones de la muerte. Los rusos le liberan de esta agonía introduciéndole el cañón en la boca y disparando.  

Ante tal abuso de poder mi padre decide que debemos entrar al coche y protegernos de semejante escena. Los invasores intentan alcanzarnos con sus blaas para truncar nuestra huida.   

Ellos, presa de las ansias de genocidio, pierden cualquier traza de humanidad y tratan de dispararnos. Mi padre entonces toma la brava decisión de sacrificarse y comienza a correr hacia los soldados, creando así una distracción que nos permita huir. En este momento nuestras lágrimas se sienten tan calientes que podría jurar que estábamos llorando sangre.  

Los rusos le ejecutan sin remordimientos. No nos podemos permitir el lujo de mirar atrás. Mi madre acciona el motor del vehículo usando la llave y escapando del lugar.  

Mientras tomamos la carretera general para así huir del país, saco un cuaderno y sin pensar empiezo a escribir esta carta.   

Mi objetivo no es conmover los corazones de políticos y burócratas ni cambiar radicalmente el sistema actual. Lo que quiero es que se sepa lo que está pasando aquí y se tome conciencia.   

Todos los seres humanos somos personas. Conflictos motivados por la ira, el odio y el poder solo traen sufrimiento, pérdida, lamento, tristeza. Somos la especie más evolucionada del planeta. Nuestros logros son increíbles. Hemos logrado dominar por completo hasta a la mismísima naturaleza y garantizar que un montón de personas consigan cumplir sus sueños.   

No podemos seguir enfrentándonos por los caprichos y deseos de líderes déspotas que no valoran la vida de las personas. Por favor, tomen conciencia. Paren este derramamiento de sangre.  

Parte 2: Conclusión.  

Esta carta fue encontrada por un miembro de las Fuerzas de Defensa de la OTAN frente a un coche estrellado en la frontera del país. En los restos del vehículo se pudo encontrar una mujer de mediana edad llorando frente al cadáver de sus dos hijos, que habían sido alcanzados en un tiroteo.   

En sus manos sostenía con fuerza esta carta. Quiso que su llanto expresara el dolor del pueblo ucraniano. Le pidió como favor personal al soldado que le dé esta carta a los presidentes y líderes del mundo, con el fin de terminar con las guerras en el mundo y que conozcamos tiempos de paz que todavía no hemos conocido.   

Comments on this post

No comments.

It is necessary to login to write comment.

Trackbacks and Pingbacks on this post

No trackbacks.

TrackBack URL