Materialcore

Por Ismael Zancada Albo, alumno de GVEC 1º  Primer Premio

En cuanto lo vi llamé. Era imposible resistirse a un robot de cocina que pelase las verduras por ti, las lavase y emplatara de forma impecable en el punto perfecto. Todo esto en menos de 8 minutos.

Las manos me temblaban sabiendo que en el momento que diese mis datos a la persona detrás del número que estaba marcando tendría doscientos euros menos en mi cuenta y un paquete en mi puerta en un máximo de tres días laborable24 Ismaels. Según el hombre de la tele con una gran inversión en su interior. Al acabar me quedé sin aliento, pero la sensación que experimenté me llenó como a un niño días antes de navidad.

Soy Jhon, trabajo como programador de sistemas de audio y manejo digital interior para vehículos. Lo que quiere decir que instalo una pantalla y sincronizo unos altavoces en un coche por cuatro veces más de lo que vale el propio material. He trabajado para Audi, Renault, Nissan…

Me encanta mi trabajo, pero no mentiría si dijese que me consume más tiempo del que me gustaría. Dependiendo del día puedo llegar a trabajar hasta trece horas, pero todos los años dejo un mes muerto en el que descanso para no quemarme, que gracias a dios me puedo permitir.

Siempre he pensado que el hogar de uno es su templo, el lugar al que acude para recuperar esa energía tan valiosa que nos permite desempeñar nuestra vida en el exterior.

El martes al llegar a casa por la noche me encontré con aquello que sabía que estaría hoy o mañana en mi puerta, mi nuevo robot de cocina perfectamente empaquetado. Entré con una sonrisa. No tenía mucha hambre, por lo que abrí la caja lo primero. Tardé menos de un minuto en desmontar el corcho que lo protegía, el cual liberó un aroma muy particular que había experimentado antes. La mezcla entre olores del aluminio pulido, el cristal y un sutil plástico estremecieron mis sentidos. No tardé en percatarme de que mi piel comenzó a erizarse cuando me quedé unos pocos segundos en éxtasis.

Me tomé mi tiempo apreciando el diseño impecable de la vaporeta, analicé sus texturas. Se sentía muy compacta. Cuando volví al mundo real tiré el envoltorio que vino protegiendo a esta belleza durante su transporte. Yo ya tenía un robot como este, y además tenia menos de tres meses, pero ni se acercaba a lo que tenía entre las manos.

Sin pensarlo mucho desenchufé el “viejo” y lo tiré, no iba a malgastar espacio guardando un cacharro cuando tengo otro muchísimo mejor que le hace sombra a su resultado y lo humilla en su diseño.

Algo me hacía sentir mal, la tripa me dio una vuelta, ansioso encendí la tele de mi cocina para distraerme mientras me hacia la cena perfecta con mi nuevo juguete. Cuando terminé metí los platos en el lavavajillas y lo programé para que terminase seis minutos después de ducharme mas o menos. Dejé todo como estaba antes de irme a dormir.

No soy ningún imbécil, sabía perfectamente que algo iba muy mal. Llevaba años sintiendo que ya sea por mi trabajo o por mis hábitos me estaba pasando algo terrible. Poco a poco me había desgastado. Algo dentro de mi llevaba mucho tiempo muerto, descomponiendo mis sentimientos, subiendo mis estándares cada día más.

Había redecorado mi piso tres veces en los últimos cuatro años. Cambié el color de la madera del suelo, el sofá, el grosor del mármol de la encimera, la bajilla, incluso compré un paragüero de la misma marca que todos los accesorios de baño y la basura de la cocina. Siempre tenía la última tecnología en todo. Había llenado mi vida de productos perfectos para la vida perfecta, pero en lo más profundo de mí no tenía muchas más cosas de las que presumir.

Es probable que al encontrarte conmigo te sorprenda que use pantalones de Álvaro Moreno combinados con camisas de Armani en tonos poco agresivos y claros. También es probable que si hablas conmigo te des cuenta de que mi carisma y forma de sorprender al resto con anécdotas sobre el trabajo o sobre mis próximas vacaciones te den ganas de acercarte y tomar algo conmigo. La ropa, la decoración exquisita, el sueldo perfecto, el carisma, una nariz bonita y un pelo cuidado te pueden confundir, pero en el fondo no hay nada. No hace mucho me di cuenta que llevo tantos años dedicándome a comprar, lucir y sacar punta a todo lo sacable que he perdido mi espíritu.

No sé quién soy, y por desgracia dudo que algún día recupere algo que ni siquiera se si ha existido. Nunca sufrí, ni por mis notas, ni por amor, ni siquiera por la muerte de mi madre. Pero ahora, ahora que lo tengo todo, no me queda nada.

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