UNA GUERRA DE TODOS.

 

Por Diego Ruiz Gutierrez, alumno de ASIR 2º

Mi nombre es Borys y tengo 23 años, Ivankiv, en Ucrania, es la ciudad en la que actualmente resido y en la que nací. Mi familia procede de Pripiat a pocos kilómetros de donde todos sabemos aquello que ocurrió por la gran catástrofe de la central nuclear de Chernóbyl. Por esta razón se trasladaron a Ivankiv, no muy lejos de Pripiat. Nunca he sabido nada acerca de lo que ocurría con el país vecino, Rusia ya que nunca tuve interés ni me parecía importante. Me dedicaba únicamente a trabajar en un pequeño taller en el que junto a mi padre y mi hermano me dedico a la reparación de coches. No tenemos muchos recursos por ello también estamos desinformados acerca de todo aquello que ocurría de aspecto político con Rusia.  

 A los 20 años conocí a mi novia, Natalka en un bar cercano a mi zona donde suelo frecuentar con mis amigos. Nos conocimos de una forma muy curiosa, estaba con mis amigos y noté que ella me miraba bastante, ella estaba con sus amigas27 Diego Ruiz Gutierrez ASIR2 28_02_2022 Una guerra de todos, me acerqué y torpemente me caí, puede ser por que no iba muy bien por culpa de demasiado vodka. Pero solo ella se dio cuenta y me ayudo a levantarme, nos miramos y desde entonces hubo una química que no puedo explicar.   

Llevo ya 3 años con ella cada día como si fuese el primero, recordando aquella mirada. Posteriormente surgió la pandemia al poco de conocernos y desató una gran preocupación en mi familia y la suya. Pero no le dimos importancia, solo nos importaba volver a vernos. En él años 2022, empezó a surgir una gran tensión entre mi país y Rusia y por tanto tuve mucho miedo por lo que pudiera ocurrir.  

La mañana del 24 de febrero, me desperté junto a Natalka y lo primero que escuche fue que Rusia estaba atacando mi país junto al comunicado del presidente Putin y de mi presidente que imponía la ley marcial que daban armas a todos aquellos que quisiéramos defendernos de la invasión. No podía creer que esto estuviera sucediendo, no creía que tras lo ocurrido en la segunda guerra mundial algo así pudiera repetirse.  

Rápidamente preparé mis cosas y me despedí de Natalka que me pedía desesperadamente que no fuese a luchar, que huyera del país con ella, pero era mi deber. Ella huyó junto a mis padres y mi hermano que apenas tiene 10 años.   

Había un ambiente desgarrador, todos los soldados, que éramos panaderos o de cualquier otro oficio, no estábamos preparados para la guerra. El pánico se apoderó de todos, porque todos sabíamos que los Rusos nos superan en número y en tecnología armamentística, directamente pueden reducir nuestro país a cenizas.  

Nos llevaron a Sumy una gran ciudad de más de 260 mil habitantes, en el norte de mi país. Era algo como sacado de una película, decenas de cazas y aviones, bombardeos por todos los sitios, algo indescriptible, muchos sufrían ataques de pánico con tal situación. A las 22:00 hice mi última llamada con Natalka y mi familia porque justo este día debía combatir directamente. Llegué y pude ver un infierno compañeros míos que morían ante mis ojos y a los pocos minutos recibí un disparo, comencé a desangrarme y rápidamente me llevaron a un hospital improvisado para los combatientes.  

Por ello escribo esta historia, porque los pronósticos no son buenos, probablemente no salga de esta y quiero enviar el mensaje a todo el mundo, de que la guerra la lleva a cabo solo una persona, en este caso el líder Ruso, pero los que morimos y sufrimos somos nosotros, jóvenes con toda la vida por delante, jóvenes con futuro, con familias, que sufren por nosotros y en fin, para qué, por el antojo de una persona por dominar un territorio. Toda la historia de la humanidad llevamos matándonos a manos de un líder que dice que lo hace por su pueblo, pero realmente si te importa tu pueblo, tu gente, no les mandas a morir por acrecentar tus recursos y territorios.  

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